Arquitectura Griega IIIb – Arquitectura Micénica

Como en otras facetas de su cultura, la arquitectura micénica puede explicarse a través de la integración de elementos indoeuropeos y pelasgos (europeos antiguos). Entre los primeros debemos destacar las fortificaciones y las tumbas; a los últimos corresponde el palacio del rey: el megarón.

1. Arquitectura defensiva.

Lo que más sobrecoge al acercarse a las ruinas de Micenas o Tirinto, es la extraordinaria presencia de sus murallas que se alzan imponentes 35 siglos después de haber sido erigidas; ya en el siglo II, el viajero e historiador griego Pausanias se maravillaba ante los muros de Tirinto: “ La muralla es lo único que de las ruinas queda. Es obra de los cíclopes y esta hecha de piedras sin labrar, de un tamaño tal que no se podría remover de su sitio, ni la mas pequeña, con una pareja de mulos.”


La puerta de los leones

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Arquitectura griega IIIa – El pueblo guerrero

Tras el luctuoso e injusto final de la civilización minoica que anteriormente contábamos, a partir del s.XIV AC, los nuevos dominadores del mediterráneo oriental fueron los griegos continentales también llamados aqueos.
Este pueblo resultó ser totalmente opuesto a los minoicos, si aquellos eran pacíficos e igualitarios, estos resultaban agresivos y machistas, si los primeros vivían en sofisticados palacios abiertos al paisaje, los segundos se refugiaban en telúricas fortalezas carentes de lujo y diseñadas principalmente para la defensa.

Posibles reconstrucciones del acceso norte a la ciudadela de Micenas

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Arquitectura griega II – La civilización minoica

En una entrada anterior hemos lanzado la hipótesis de que los órdenes griegos pueden (y tal vez deben) ser estudiados desde una perspectiva memética.

Frente a hipótesis más funcionalistas (materialismo histórico, procesualismo) que definen las sociedades como el resultado de operaciones económicas, militares y tecnológicas (reduciendo la cultura a un subproducto de éstas), la memética defiende la importancia de las ideas (memes) en la formación y desarrollo de las culturas humanas. La novedad del enfoque consiste en considerar que el éxito de una idea (por ejemplo el orden griego, o el alfabeto) no proviene de su utilidad o interés para los humanos, sino de su capacidad “intínseca” de transmitirse y permanecer en la psique colectiva. De este modo se establece una analogía con la genética: la maravillosa variedad del mundo natural no proviene de un Demiurgo; es el resultado de millones de años de evolución “ciega”; igualmente las sociedades humanas en su vastísima diversidad no han sido diseñadas; somos el resultado improbable de una evolución cultural basada en los memes.

Aplicando este razonamiento a los órdenes griegos el primer paso ha de ser esclarecer su origen, para después averiguar las características que les permitieron propagarse hasta resultar hegemónicos en la arquitectura europea.

Y para comenzar esta titánica tarea debemos remontarnos a la más profunda antiguedad, con la llegada de una tribu a las costas del mediterráneo.

Los indoeuropeos

XX siglos antes de Cristo, en el Peloponeso, ásia menor y las islas del Egeo existía una cultura agrícola, organizada en pequeñas aldeas. Dominando cada una de ellas un primitivo Megarón actuaba como asamblea y centro de redistribución de los excedentes agrícolas.

Megarón primitivo

Megarón primitivo

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Arquitectura griega I – El orden como meme

Los monumentos de la Grecia clásica tienen una importancia capital en el desarrollo de la arquitectura europea. Los órdenes por ellos creados han servido para vertebrar y dotar de de significado casi toda la arquitectura producida en occidente hasta bien entrado el siglo XX (con la importante salvedad del medievo, del que ya nos ocuparemos en otra ocasión)

Templo de Hera en Paestum - 440 AD

Orden Dórico – Segundo Templo de Hera en Paestum – 440 AD

Orden Corintio - Erecteion - Atenas - 407 AC

Orden Jónico – Erecteion – Mnesicles – Atenas – 407 AC

Orden Corintio - Maison Carre - Nymes - 16AC

Orden Corintio – Maison Carree – Marco Vipsanio Agripa – Nymes – 16AC

Orden Compuesto - Sant Andrea - Alberti - Mantua - 1472 DC

Orden Compuesto – Sant Andrea – Alberti – Mantua – 1472 DC

Orden Toscano - St Paul - Iñigo Jones - Covent Garden Londres - 1631 DC

Orden Toscano – St Paul – Iñigo Jones – Covent Garden Londres – 1631 DC

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La Torre de Jericó

En la década de 1930, la arqueóloga británica Dorothy Garrod, comenzó a excavar una colina llamada Tell es-Sultán, situada un par de kilómetros a las afueras de la ciudad de Jericó (Ariha en la actual Palestina)

 

Dorothy Garrod fue la primera mujer que dio

clases  en la universidad de Cambrige en 1.939

 

Conforme avanzaban los trabajos se hacía más evidente que el asentamiento era extraordinariamente antiguo; al llegar a un estrato correspondiente al octavo milenio antes de cristo, descubrió un muro (con foso) que cerraba un recinto de unos 40.000 m2, dentro del cual se hallaron más de 60 edificios circulares de piedra, con una población que podía fácilmente superar los 1.000 individuos…  

 

Evidentemente Jericó era un pueblo… el más antiguo que se había encontrado hasta la fecha… y sin embargo este no fue el descubrimiento más sorprendente…

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Un pueblo sin calles

Al principio del neolítico, el sedentarismo y la agricultura aumentan las posesiones, hay excecentes alimentarios y la casa rectángular responde mejor las nuevas necesidades de familias numerosas y depósitos de grano; pero además una construcción oblonga, o más bien una agrupación apretada de casas rectángulares presenta una defensa más eficaz al ataque de los que quieren robar lo que con tanto esfuerzo se ha recolectado.

Planimetría de ÇATAL HÜYÜK en Anatolia, 7.500 A.C
El poblado no contaba con calles, las viviendas se construian densamente apretadas y las viviendas raramente tenían ventanas o puertas, el acceso se realizaba desde la cubierta, mediante escalas; la vida comunitaria se hacía en las azoteas.

Los escasos huecos entre los edificios no se trataban como espacios urbanos, se convertían en corrales o vertederos.

La ausencia de calles nos causa perplejidad; nuestra imagen mental de “pueblo” lleva implicita la organización urbana mediante el uso de llenos y vacíos; pero esto no es necesariamente así, de hecho parece que en otros tiempos y otros lugares los humanos llegaron a la misma solución.

Poblado tradicional de los indios “Pueblo” en Nuevo Mejico.

El descubrimiento de la calle y la plaza como elementos fundamentales del urbanismo aún deberá esperar… mientras tanto no demasiado lejos de allí, en Jericó otro avance estaba a punto de suceder.

Al principio fue el muro

Si bien la pregunta: ¿cuándo comienza la arquitectura? Encendería un animado debate entre distintas concepciones de la historia, pocas veces nos hemos preguntado por el origen de los elementos físicos que la componen.
Un camino, un plano de apoyo, un pilar, una pared; pensamos en ellos como en objetos platónicos, dotados de una presencia metafísica; y sin embargo hubo un tiempo (de hecho la mayor parte del tiempo) en el que no existían.
Pongamos como ejemplo el muro; un elemento constructivo plano, vertical y cuya función primordial es dividir un espacio en dos (en realidad podríamos considerar que una pared genera el espacio como paso previo a dividirlo).
Resulta difícil imaginar un periodo en el que no había muros, que no existía de hecho ni la idea de muro y por tanto era imposible fabricarlos; pero esta ha sido la situación durante la mayor parte de la existencia humana en la tierra.
Cualquiera puede evocar la imagen de nuestros antepasados en el paleolítico viviendo en cuevas, construyendo rudimentarias cabañas o refugios temporales cuando se desplazaban a nuevos territorios de caza.
Hace aproximadamente 12.000 años un acontecimiento vino a alterar esta situación; el clima de la tierra se hizo más cálido; pero sobre todo se hizo más estable. Antes de este periodo la temperatura media de una región podía variar decenas de grados en el curso de décadas, lo que impulsaba las migraciones de la flora, la fauna y la gente que las perseguía para comérselas.
En la región que se conoce como creciente fértil los efectos fueron catastróficos: desaparecieron las manadas de grandes animales más adaptados al frío del norte y las poblaciones tuvieron que adaptarse a una alimentación basada en la caza menor y la recolección de cereales y legumbres salvajes que abundaban en la zona; en un breve periodo de tiempo, el nomadismo dejó de ser una opción viable, y muy a su pesar los humanos tuvieron que hacerse sedentarios.
En este escenario, en la cultura que los arqueólogos identifican como Natufiense (11.000 – 8.000 AD), surgen las primeras construcciones estables.

Pero como vemos, las primeras casas construidas por manos humanas eran circulares; transposiciones de las primitivas cabañas de hojas y ramas construidas con materiales más duraderos.
Tendremos que esperar a los descendientes de los natufienses: la cultura de Mureybet, para encontrar los primeros muros.


Curiosamente las pruebas arqueológicas demuestran que estas construcciones eran depósitos de cereales; y mientras los mureybetienses seguían viviendo en casas circulares, para una nueva función, como era el almacenamiento de excecentes desarrollaron otra tipología: el muro plano y el ángulo recto.

Parece ser, que a través de los milenios la mente humana no ha cambiado tanto: tendemos a aferrarnos a las viejas tradiciones y solo al enfrentarnos a lo desconocido, a lo diferente, a lo nuevo es cuando explotamos nuestro magnífico ingenio.