Al principio fue el muro

Si bien la pregunta: ¿cuándo comienza la arquitectura? Encendería un animado debate entre distintas concepciones de la historia, pocas veces nos hemos preguntado por el origen de los elementos físicos que la componen.
Un camino, un plano de apoyo, un pilar, una pared; pensamos en ellos como en objetos platónicos, dotados de una presencia metafísica; y sin embargo hubo un tiempo (de hecho la mayor parte del tiempo) en el que no existían.
Pongamos como ejemplo el muro; un elemento constructivo plano, vertical y cuya función primordial es dividir un espacio en dos (en realidad podríamos considerar que una pared genera el espacio como paso previo a dividirlo).
Resulta difícil imaginar un periodo en el que no había muros, que no existía de hecho ni la idea de muro y por tanto era imposible fabricarlos; pero esta ha sido la situación durante la mayor parte de la existencia humana en la tierra.
Cualquiera puede evocar la imagen de nuestros antepasados en el paleolítico viviendo en cuevas, construyendo rudimentarias cabañas o refugios temporales cuando se desplazaban a nuevos territorios de caza.
Hace aproximadamente 12.000 años un acontecimiento vino a alterar esta situación; el clima de la tierra se hizo más cálido; pero sobre todo se hizo más estable. Antes de este periodo la temperatura media de una región podía variar decenas de grados en el curso de décadas, lo que impulsaba las migraciones de la flora, la fauna y la gente que las perseguía para comérselas.
En la región que se conoce como creciente fértil los efectos fueron catastróficos: desaparecieron las manadas de grandes animales más adaptados al frío del norte y las poblaciones tuvieron que adaptarse a una alimentación basada en la caza menor y la recolección de cereales y legumbres salvajes que abundaban en la zona; en un breve periodo de tiempo, el nomadismo dejó de ser una opción viable, y muy a su pesar los humanos tuvieron que hacerse sedentarios.
En este escenario, en la cultura que los arqueólogos identifican como Natufiense (11.000 – 8.000 AD), surgen las primeras construcciones estables.

Pero como vemos, las primeras casas construidas por manos humanas eran circulares; transposiciones de las primitivas cabañas de hojas y ramas construidas con materiales más duraderos.
Tendremos que esperar a los descendientes de los natufienses: la cultura de Mureybet, para encontrar los primeros muros.


Curiosamente las pruebas arqueológicas demuestran que estas construcciones eran depósitos de cereales; y mientras los mureybetienses seguían viviendo en casas circulares, para una nueva función, como era el almacenamiento de excecentes desarrollaron otra tipología: el muro plano y el ángulo recto.

Parece ser, que a través de los milenios la mente humana no ha cambiado tanto: tendemos a aferrarnos a las viejas tradiciones y solo al enfrentarnos a lo desconocido, a lo diferente, a lo nuevo es cuando explotamos nuestro magnífico ingenio.

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